PASTA ROSA

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Cuando abro los ojos, no sé dónde me encuentro, todo parece haberse desdibujado ante mi, la sensación de debilidad se acrecienta, la indefensión llena todo mi espacio.

Todo lo que soy lo debo a mi consciencia de la realidad, de ver con mis ojos lo que me rodea, pero poco a poco se oscurece todo y no me deja ver, no puedo saber que hay delante ni lo que hay detrás.

Déjame apoyarme en algo para saber que puedo seguir sosteniendo lo que mi mente no es capaz de razonar ni de apoyar con la lucidez de antes.

Ante el vertiginoso vacío decido libremente que no voy a caer precipitándome sin sentido en una vorágine de laxitud.

Sigo siendo yo, sigo teniendo mis sentidos en regla, sigo teniendo lo que me se ha proporcionado por la naturaleza de forma quizá caprichosa o tal vez, quien sabe, si intencionadamente.

Voy reconociendo el lugar, los colores, la sensación de estar, de ser, de sentir, y la de tener, esta última sensación antes era la predominante en mi, me llenaba por completo.

Como empezar de nuevo sin caer en las mismas tentaciones, en los barros que no me dejaban andar.

Quiero desde luego tener, sobre todo, esa plenitud, esa realidad reforzada con mi propia estabilidad y no caer de nuevo en la oscuridad, no quiero sombras, quiero luz que llene todo, aunque no me deje ver.

Por fin lo siento, es algo agudo, pero certero, siento cómo de lo mas lejano llega lo que tanto añoro, tanto sueño y deseo, en cualquier momento, y que me da fuerza, me anima, me hace ser como soy, es el aliento para seguir, y por fin dejo de estar desorientado y vuelve la luz, vuelve la realidad.

Aquí está.

 

 

 

Yo tener no tengo nada.

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Esto es lo que pienso, sin duda algo inconexo y difícil de describir.

Darle la vuelta se me hace bastante insoportable, en el fondo creo no haber llegado a comprenderlo del todo.

Aunque la sensación de saciedad es mínima al acercarme al abismo, y darme cuenta que el vacío me domina, al sentir que no todo tiene que representar armonía, ni la armonía tiene que ser lo mejor para mi.

El caos me gusta, en determinadas ocasiones me da placer, me encanta sentirme caótico, contradictorio y pleno en cierta forma.

Sigo sin tener nada, de lo que pretendía obtener en un principio, claro.

Con el tiempo he ido asumiendo que se llenan estanterías de mi memoria con cachivaches demasiado pesados y me he ido desprendiendo de ellos.

Tu quieres tener, y te respeto, tener de todo, ambición en primer lugar, pero de esto ya rebosas.

¿Y que harás con todo? ¿dónde lo llevarás? ¿podrás cuidarlo y conservarlo en la forma en la que merece cada cosa?

Por eso yo, tener no quiero tener nada, el mundo, en mi cabeza, ya me llena, de hecho me produce indigestión.

Como individuo pienso que por qué tengo que satisfacer tus gustos, tus demandas, tus fantasías, tus ansias de dominar, esa manía tuya de aprehender, de rodear y estrujar sin razón.

Todo lo que no degusto, en realidad es un gran sin sentido, y qué desperdicio de codicia y de fuerza es conseguir lo que nunca lograrás.

¿Eres feliz, te sientes bien, satisfecho con tus actos, te llena lo que haces, lo que piensas es originalmente tuyo, necesitas lo que deseas, quieres de verdad todo lo que tienes?

Entonces, por qué tu voz nunca suena segura, amable, sencilla, tierna… Si tienes todo, ¿qué te falta?

Yo tener no tengo nada, pero te digo sinceramente que
no quiero tener más.

 

 

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perseverancia

De los años de la niñez recuerdo sobre todo trazos, pequeños recuerdos, amontonados en mi memoria, superpuestos unos sobre otros, pero en definitiva son trazos, de colores, de sensaciones, de brisas, de olores, de caras, de personas y de lugares.

Entre todos estos trazos recuerdo a una persona, ampliamente, era un señor, en el sentido literal de la palabra, con sombrero y bastón, de traje habitualmente vestido, ya fuera invierno o verano, y de aspecto siempre bonachón y agradable. Era vecino, cuando los vecinos se conocían y se interrelacionaban con la naturalidad y la sencillez de casi familia.

Gustaba de contar anécdotas, refranes y demás parafernalia que yo consideraba como propias de una persona muy inteligente, que sabía mucho y que conocía tantas cosas del mundo y al que me apasionaba escuchar.

De todas aquellas historias viejas recuerdo una, que impactó de una forma más fuerte que el resto en la mente de un niño, un pequeño niño que aún no había ni siquiera tomado la primera comunión.

Recuerdo perfectamente el calor del verano, la sombra de la mañana, su cara arrugada y  su boca colgando mientras comentaba con una verborrea bastante correcta una vieja historia.

La historia era la de Blas, un campesino que tenía una simple fanega de tierra que intentaba aprovechar al máximo para subsistir con su familia.

Tanto es así que Blas buscó agua donde no la había, acordonó el perímetro de la tierra para evitar que el ganado perjudicara su labranza, la estercolaba más que nadie, intentaba acarrear tierra más productiva para que su terreno fuera todo lo fértil que se podía.

Pero no siempre las cosas son como queremos, pronto acompañó a esa época una gran sequía, el agua no caía del cielo, se rezaba, se esperaba, pero nunca llegaba, y la desesperación de Blas era completa.

Con una mula Blas buscaba agua y la llevaba hasta su tierra para que no se secara todo lo plantado, pero todo su esfuerzo no era suficiente, aunque por lo menos conseguía que las matas no murieran por completo.

De repente tras la sequía vino época de lluvias, fuertes y torrenciales, que todo lo anegaban, incluidas las tierras de Blas, arrasando y llevándose consigo todo lo cultivado con tanto esfuerzo.

Pero Blas no desistía y volvía a plantar, a labrar, a estercolar, a trabajar su tierra sin descanso.

Cuando llegó la época de recolección casi todas las tierras estaban baldías, pero las de Blas tenían algún fruto, y envidiado por sus vecinos, le quitaban parte de lo que salía de la tierra cuando él no estaba.

Pero Blas seguía sin descanso, y gracias a eso nunca faltó comida en su casa, ni para sus hijos, que fueron creciendo y le ayudaban cuando podían en las labores con la tierra.

Con el tiempo y con las ganancias que fueron acumulando pudieron ir comprando algunos terrenos más y fue mejorando su situación.

Pero el principal legado de Blas para sus hijos fue su conducta y su forma de actuar, lo que aprendieron los hijos de Blas era que no podían dejar de intentar algo, de perseguir los sueños, aunque no se cumplan, de perseverar aunque se tengan todas las trabas del mundo, porque siempre, aunque sea poca, hay algo de recompensa.

Recuerdo a mi vecino, cuando terminaba de contarme la historia, mirarme a los ojos fijamente y asentir con la cabeza, como dando un veredicto sobre la historia que me había contado.

Después, cuando sus labios se cerraban, se quedaba mirando al infinito, como si esperara algo o la llegada de alguien.

Mientras yo, cansado de tanta charla, del calor y con sed, me escabullía rápido y lo dejaba atrás, sentado, tranquilo, aunque con la mirada perdida, como a la expectativa, como esperando, aunque nunca he sabido el qué. Quizá esperaba su pequeña recompensa.

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Llevaba totalmente la razón Juan Ramón Jiménez con esta frase, inquietante, seria, aseverativa pero al mismo tiempo un tanto auto suficiente.

¿Tenemos la sociedad que queremos, la que vamos moldeando como deseamos, o la sociedad que nos dejan tener?.

Nos sentimos cada vez más omnipresentes en todos sitios con el avance tan impresionante que hemos conseguido con medios como teléfonos móviles, ordenadores portátiles, televisiones, tablets, etc.

Es tanto así que pocas cosas nos van sorprendiendo, ya que nuestros ojos están acostumbrados a verlo todo, o casi todo.

Y, a pesar de ello, ¿nos sentimos mas acompañados, o cada día, poco a poco nos vamos volviendo seres cada vez más individuales?.

Desde su origen, el ser humano es un ser social, que se relaciona y que no sabía vivir fuera de una sociedad, de un grupo, de una especie o de una casta, a cambio el grupo le daba sobre todo protección.

La evolución que estamos realizando, es sin duda una resulta de algo que podríamos denominar antinatural, pues va en contra de nuestra propia naturaleza de ser social.

Pero lo importante no es tanto si es natural o si es un signo de evolución, sino si es lo que queremos, lo que nos gusta, lo que ansiamos o es simplemente una consecuencia de algo social y en cierta forma impuesto.

En las sociedades más evolucionadas, con más medios, es donde mayormente se produce la individualización de sus componentes y por tanto su aislamiento, como por ejemplo algunos países del norte de Europa.

Sin embargo, en sociedades que han evolucionado menos, que tienen menos recursos, son mucho más sociales, en el buen sentido y en el malo, el individuo tiene menor independencia del resto, pero se comparte casi todo, como es el caso de determinados países africanos.

Si tenemos en cuenta los medios técnicos a nuestro alcance, pueden por una parte suponer el aislamiento del individuo a nivel inmediato, pero también suponen en gran medida un acercamiento global, como por ejemplo el teléfono móvil, donde se incluyen aplicaciones de redes sociales que se utilizan de forma continua, y en las que parece que es obligatorio estar disponible en todo momento.

Yo creo que dentro de un buen equilibrio y, a pesar de que somos animales que necesitamos relacionarnos, viene bien tener cierta independencia, alejarse de todo un poco, para ver las cosas mejor, llevándonos a nuestra intimidad por lo menos nuestros pensamientos para dejar que afloren, maduren y nos sirvan para mejorarnos como individuos de forma aislada o en grupo.

 

 

iH57yQnUtilizo esta frase de Publio Siro sobre la amistad para empezar a escribir pues hoy me cuesta trabajo arrancar este texto, sobre todo por el motivo por el que lo hago.

Recordar, siempre lo hacemos, es curioso, pero solemos recordar lo bonito, lo satisfactorio y tenemos tendencia a olvidar lo desagradable.

Por este motivo cuando recuerdo aquella etapa vienen a mi memoria días y días de luz, de sonrisas, de complicidades, de miradas, de madrugones, de tantos cigarritos en la puerta del aula, de nuestros cafés solos en la cafetería, que aunque contenían poco líquido nos daban para mucho, mucho tiempo.

También recuerdo aquellas charlas interminables en las que te oía, te escuchaba como inocentemente me contabas todo lo que hacías, en el colegio mayor, con tus compañeras, con aquel chico que siempre te esperaba en la puerta a la hora de salir.

Recuerdo plenamente esa sonrisa tan fuerte, tan grande, que lo llenaba todo, como tu mirada y, después, los codazos para que pararas de hablar y pudiéramos escuchar en clase.

Eran interminables los agobios, los exámenes, las caras de sueño, y sobre todo tantos y tantos sueños que teníamos en la cabeza en aquella época. Cualquier cosa nos ilusionaba y el vuelo de una mosca nos evadía tanto, que volábamos constantemente.

Ahora pienso en ti, volando, con la misma alegría, pero ya sin agobios, sin prisas, sin codazos, solo con la ilusión y la sonrisa que siempre permanecerán en ti, en mí y en todos.

En memoria de una gran amiga.

bebe-riendo-3Según Demócrito la risa te hace sabio.

Desde luego parece que a él si lo hizo, por lo menos en parte sirvió para ayudarle a ser el primer ateo, y con esto digo ya mucho.

¿Por qué no reímos?

Nos encontramos envueltos cada día en una sociedad que con los años se ha ido volviendo más seria. Somos serios para casi todo, tanto que es habitual utilizar la frase “esto no es serio” en un sentido negativo.

Si pensamos en nuestra vida cotidiana, en la relación que tenemos con los demás, en nuestras reuniones de trabajo, cuando tomamos un café, viajamos en metro o leemos un periódico, normalmente lo hacemos siempre serios, y miramos con ojos extraños a las personas que no lo hacen así, como seres que se les ha ido la cabeza. Somos tan serios que hasta en nuestras relaciones personales, e incluso íntimas, cada vez son más formales y serias.

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¿Y qué podemos hacer para cambiarlo?

Buena pregunta he formulado. Quizá deberíamos hacérsela a los que nos orientan, los que nos dirigen, los que gobiernan nuestras vidas, nuestras carteras y hasta nuestros sueños, para que dejen de señalarnos solo el vacío y recordarnos siempre referencias a lo mismo, a problemas, ajustes, crisis, paro, accidentes, multas, penas…

Desde luego la contestación a la pregunta está dentro de cada uno de nosotros.

Pero dejadme deciros que tener una buena sensación, reírnos del mundo, sonreír por la mañana, es quizá la única medicina contra todo esto, es la forma de sentirnos menos finitos, menos indefensos, es la forma de darle menos importancia a lo que no la tiene, de saber que lo que ahora es una montaña, mañana puede desaparecer ante nuestra vista. Hemos visto caer muchos mitos, y al final hemos comprobado que todo lo que amurallamos es por miedo, y ese miedo puede desaparecer con una sonrisa. Justamente sobre esto recuerdo una anécdota, sobre un amigo que tenía un miedo atroz a las atracciones de feria y cuando se subía a una de ellas, obligado por las circunstancias, se reía, a carcajada limpia, y cuando se bajaba de la atracción decía “he pasado mucho miedo, pero me he reído tanto que ya no me acuerdo”.

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Cómo hacer, cómo decirte, cómo expresar lo que durante tanto tiempo sentí y no pude hacerlo.

Explicaciones inconexas, derroteros lejanos que vuelven al primer plano de actualidad, lagunas que no son restos ni de lluvias ni de escorrentías, son los efectos de algo imposible de realizar.

Sentir de verdad que lo que sale de nuestro interior es verdadero, que no tiene fisuras, ni aditivos ni ningún tipo de aderezos insultantes de la vanidad.

Durante cuanto tiempo vamos a conseguir realizar esta hazaña, cuántos senderos recorreremos a tientas, descalzos y sin nada más que nuestro propio sostén.

Permite que te recuerde que la verdadera historia del ser humano, cuando se trata de piltrafas, deja mucho que desear, resulta ingrávida y sin sentido, pero, al mismo tiempo, es necesaria para poder continuar, para no volver a golpearnos en el mismo lugar, para no caer en el mismo error anterior, aunque al final lo hagamos.

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Todo este sinsentido de palabras, de frases, de párrafos y demás, ¿a qué viene? me preguntarás, y siempre he de contestarte lo mismo:  tu tienes la respuesta. Busca dentro de ti, analiza lo que sientes, lo que has hecho o tal vez imaginado, pero piensa que en tu interior podrás siempre encontrar la respuesta.

Y no me digas, ¡pues no lo entiendo!

Si sabes disfrazar la realidad cuando te interesa, si puedes alterar las emociones, cambiar las circunstancias, si eres capaz de certificar en el vacio un nuevo universo lleno de diferentes astros brillantes, ahora no me digas que no eres capaz de anexar, conectar hechos, sentidos y crear tu propia respuesta.

Simplemente deja que salga de ti, deja que fluya, aunque solo sea una vez, algo verdadero de tu boca, y por favor, no lo hagas mas, no me vuelvas a mentir.

 

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La palabra Feeling, como todos sabemos, tiene su origen en el inglés, to feel, que se puede traducir como percepción, emoción o sentimiento.

En su origen se refería a la percepción relativa al tacto, pero después el concepto se hizo más amplio incluyendo también cualquier percepción o emoción relativa al cuerpo o al espíritu.

Sin embargo, nosotros, los españolitos de a pie, que no tenemos ni idea de inglés, y que vamos a ir por el mismo camino parece ser durante bastante tiempo a pesar de los esfuerzos tan profundos que hacen nuestras autoridades educativas en convertir el inglés casi en el primer idioma, olvidando que para aprender un idioma primero se tiene que saber uno de origen, pues si, nosotros lo que hemos hecho ha sido cambiar o dotar de contenido nuevo al significado de esta palabra.

Directamente y sin necesidad de aprobación por la RAE hemos dado un significado propio a este vocablo en nuestro idioma y hemos volcado en él, no sabemos si por la necesidad de ser más modernos que nadie, un conjunto de características que nos costaba trabajo nombrar hasta ahora.

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El significado se aplica ahora cuando alguien, a primera instancia, se siente atraído por otra persona, la atracción en sus diferentes formas y variedades, por simpatía, por cercanía, por atracción sexual, por causar pena, gracia, o simplemente compasión, o siente también lo contrario, cuando a alguien le produce a primera vista rechazo otra persona, indiferencia, desagrado, miedo, angustia, o quizá desprecio, en fin todas estas situaciones que antes eran denominadas individualmente, con el consiguiente esfuerzo mental, lingüístico y semántico que conllevaba, ahora las aunamos en tener o no tener Feeling.

Pero ahora todo esto se ha resumido, comprimido y fusionado, como la sociedad actual realiza con todo lo que toca que con lo mínimo simplifica, resume y casi anula cualquier atisbo de esfuerzo, creando un nuevo contenido semántico en la palabra Feeling ya en sentido positivo o negativo, hay Feeling o no lo hay.

Y si aceptamos el término en su nueva vertiente, si de verdad se puede considerar que existe, que nos afecta y que nos hace comportarnos de una forma u otra, si lo aceptamos tal cual, dejamos de tener una parte de nuestro evolucionado mecanismo racional de seres humanos que dominamos el mundo, para volver al estadio de animales dominados por razones primarias de supervivencia, de segregaciones de sustancias químicas que nos atrapan, nos manejan y nos llevan por el camino que tenemos que seguir.

Es una pena que al final por un insignificante y mal sonante vocablo de origen inglés perdamos nuestro ser y nuestro propio y tan ansiado libre albedrío.

 

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Ya nos decía Victor Hugo que una serpiente se alberga en el hombre: su intestino, que lo tienta, lo traiciona y lo castiga.

web-5644017754_365b3962ce_zDesde el principio siempre se ha identificado a la gula con los alimentos, con la comida, con el ansia por ingerir, de hecho clínicamente la gula se define como una sobreingesta compulsiva y como un trastorno alimenticio.
Hay dos tipos de gula: la gula biológica, que se deriva de una disfunción en el cuerpo o en el organismo y la gula filosófica o espiritual, que deriva de una opción y que tiene un tinte más religioso.
Al buscar la definición de la gula o glotonería nos indica que es la cualidad del glotón. El término proviene del latín gluttire, que significa engullir o tragar de manera excesiva alimentos o bebidas sin medida, en definitiva devorar.
La gula no siempre fue mal vista, así en la antigua Roma estaba bien vista socialmente, y de hecho eran famosos en la historia por sus exquisitos banquetes, donde comían hasta hartarse para después echar fuera todo lo que habían ingerido y regresar a la mesa para comer de nuevo.
Según el decálogo cristiano se considera uno de los siete pecados capitales y se define como el uso inmoderado de los alimentos necesarios para la vida, e incluso ha sido representada por símbolos como el cerdo y el color naranja.
De hecho para combatirla aparece la virtud denominada templanza que, para la doctrina cristiana, es la virtud moral que modera la atracción de los placeres y procura el equilibrio en el uso de los bienes creados, que asegura el dominio de la voluntad sobre los instintos y mantiene los deseos en los límites de la honestidad. La persona moderada orienta hacia el bien sus apetitos sensibles, guarda una sana discreción y no se deja arrastrar para seguir la pasión de su corazón.
gula-hambre-hormona-grelinaActualmente la concepción tiene que ser diferente, en una sociedad que es laica por naturaleza, para el no creyente, el concepto de pecado sólo tiene sentido dentro de una concepción teísta de la moral y sin ésta el uso del concepto pecado sólo perjudica, pues genera malentendidos e introduce connotaciones de una moralidad religiosa en contextos donde éstas ya no tienen sentido.
Hoy la gula equivale al consumismo, que no es otra cosa que el consumo irracional, excesivo o innecesario de las cosas, a lo que nos llevan la mayoría de los mensajes en todos los ámbitos, ¿será que la sociedad es atea y por eso desarrolla el consumismo?

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inmigracion-prohibidaPreguntémonos, cuando nos cueste trabajo dejarnos conmover, cuán poco felices seríamos si los demás fueran inexorables hacia nosotros.

Esta frase de Lucio Anneo Séneca será siempre intemporal.

Nunca tratamos de ponernos en la piel de otra persona hasta que en verdad no tenemos cerca un sentimiento de fatalidad.

La sensación de ser tratados como a los demás en los peores momentos nos hace reaccionar, y no nos damos cuenta que cuando contamos con la mejor de las situaciones no nos importan las circunstancias ajenas.

Cuando estamos situados en el grado superior, no recordamos lo que nos costó ascender ese escalón, lo placentero que es sentir la brisa en la cima del monte hace que nos olvidemos de lo difícil que fue la escalada.

Al ver todo lo que va aconteciendo, me hace reflexionar y, sin duda, nuestro país no es un buen lugar para enseñar nada sobre empatía.

La preocupación por el yo personal es tan importante que lo demás no importa. La satisfacción de conseguirlo todo, sin tener en cuenta los medios que se han utilizado en el camino, está a la orden del día. La capacidad de aprovecharnos de cualquiera que veamos más débil en la cadena hace que nos sintamos mejor, mas astutos, mas sabios, mas poderosos, que, en definitiva, seamos mas sádicos.

Tenemos sin embargo esa consciencia decimonónica de ayudar, de dar un poquito a los demás cuando tenemos demasiado, para que nuestro ego tenga la capacidad de sentirse regocijado.

Pero no evaluamos que el sistema no funciona, que al final todo acaba destapando nuestra podredumbre. El avaro siempre lo será, el intransigente nunca aceptará otra opinión, el déspota se creerá siempre en la posesión de la verdad.

Y qué tenemos en nuestro poder, sensaciones, debilidades, que explotan cual burbuja y nos devuelven a una realidad en la que es necesario aprender en cada paso, reflexionar sobre los medios antes de llegar a los resultados, irradiar nuestra visión, compartirla, mano a mano, para poder salir de esta situación cavernaria que no nos lleva a ninguna parte.

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Aprender de otros estereotipos es quizá una opción para rentabilizar nuestros propios fracasos, dejar de ser el centro del mundo y centrarnos en comprender lo que nos rodea sería una forma estupenda de aprender. Tenemos la posibilidad de acceder a diferentes visiones, con personas que nos llegan de distintas partes del mundo y tenemos que ser esponjas y no vallas metálicas, debemos apreciar que otras perspectivas son posibles, puede que peores o mejores, pero aprehenderlas es sin duda una tarea que puede resultar totalmente enriquecedora y quizá la única forma de salir de la situación actual.

 

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El futuro, según voy escribiendo este texto va pasando, se me va escapando el presente para convertirse en pasado.

El tiempo a pesar de ser algo tan difícil de asimilar, de su intangibilidad, lo utilizamos constantemente en nuestra vida, para todo, para organizarnos, para estructurarnos desde que nos levantamos hasta que volvemos a dormir.

En realidad ¿se trata de un concepto nuestro o la naturaleza nos lo impone?

Desde cualquier perspectiva nuestra cualidad de finitos nos hace que el tiempo sea algo muy importante en nuestra existencia, tanto que, a veces, intentamos aprisionarlo, atesorarlo de alguna forma, pero siempre se nos escapa por completo.

Si no fuéramos finitos no nos preocuparía lo que vamos a hacer mañana, pues no tendría sentido en si mismo, no pasaría nada, pues siempre nos encontraríamos en el mismo momento.

Dejarían de ser importantes los recuerdos, no nos importarían, ni nos preguntaríamos por  qué existimos, ni a dónde vamos. Desaparecerían las religiones, las falacias, los amuletos, las supersticiones, así como toda la parafernalia que hemos construido a su alrededor.

Si no fuéramos finitos quizá también dejarían de tener sentido valores y comportamientos. No se valorarían la valentía, la juventud, la inocencia, la sabiduría, la bondad o la belleza. Todo nuestro sistema de vida, de organización sería diferente, desaparecerían de repente la crueldad, la muerte, la envidia, las guerras, las traiciones (en todas sus manifestaciones).

El tiempo nos configura tanto nuestra vida, que sin él, dejaría de ser lo que es, sería otra cosa, otro mundo. Cuando nos quejamos del paso del tiempo no pensamos en que en realidad es tan necesario como nuestra propia existencia, y que sin él no seríamos nosotros, ¿o si?

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Andamos inmersos, cada uno, en nuestro propio mundo.

En realidad no nos percatamos del entorno conscientemente casi nunca, andamos centrados en una vida cotidiana, que parece que el tiempo no pasa, que estamos siempre igual, que todo continúa exactamente como está en nuestra mente.Wind-by-Adrian-Sommeling

Pero va cambiando todo, vamos cambiando también nosotros y todo lo que nos rodea.

Un día, me paro y miro, y ya no está la mercería de toda la vida, ya desapareció el quiosco de prensa de la señora rubia, la panadería es ahora una tienda de señores de oriente y donde compré el reloj que tanta ilusión te hacía ahora venden roscos redondos rellenos de chocolate.

Ese mismo día me miré al espejo y resulta que la cara que apareció en el otro lado no era yo, era un señor mayor, con la cara flácida, muchas arrugas y cara de pocos amigos.

No puede ser, si yo soy risueño, siempre joven, de piel suave y sonrosada, con la mirada pícara  e interesante, siempre me lo comentaron.

Empecé a mirar por todo mi entorno y descubrí que no lo conocía, ¿quién era esa persona que sentada en el sofá veía la tele? Pero bueno, ¿dónde me encuentro?, si la habitación es distinta, más pequeña y sombría. Quizá el sol me deslumbra.

De repente me acordé de aquella frase que tanto te gustaba, es tan corto el amor y tan largo el olvido.

Miré mis manos y seguían siendo las mismas, ¡menos mal!

Por un momento pensé que estas manos con las que tantas cosas conseguí fueran las de otra persona.

Volví a mirarte y seguías ahí, en mi mente, no te olvidaría nunca, lo sabes verdad.

En esta colección encontramos 17 canciones extraídas de los ocho discos editados por Pasión Vega durante la última década. Se incluyen desde canciones de autores muy unidos a la artista como Jesús Bienvenido o Antonio Martínez Ares, a otros temas versionados con gran éxito por la cantante como la de Violeta Parra (Gracias a la vida), Serrat, Carlos Cano, Sabina. Destaca también un dúo que realiza con Antonio Banderas.

En definitiva todo un deleite para los grandes seguidores de esta prodigiosa voz.

Es para mi un privilegio ceder este espacio para que un gran amigo exprese su opinión, sobre lo que en este momento ha deseado.  Este espacio se creó en su momento para que las opiniones fluyan de cualquier forma y por ello me siento halagado y orgulloso que personas tan queridas deseen utilizar este humilde escaparate para exponer sus opiniones. 

A continuación les presento el texto tal y como me lo entregó.

VIVIR PARA TRABAJAR

¡No! me niego a pensar que ésta será la máxima de mi vida. Pretendo mantenerme en la postura contraria.

Hace pocos años España era considerada uno de los países menos productivos del mundo desarrollado. En estos últimos años de crisis la productividad se está incrementando a pasos agigantados, pero no por un aumento real del numerador (producción), sino por una sangrante disminución del denominador (trabajadores).

 Hace tiempo escuché algo sobre la creación de una comisión para el estudio de la conciliación de la vida laboral y familiar. Y sé que existió… ¿dónde está ahora?. Las propuestas eran razonables, tales como adelantar nuestros horarios de entrada al trabajo a fin de completar una jornada laboral que nos haría “libres” antes de la hora de comer. Parece que la crisis ha engullido tales pretensiones… ¿cómo? ¿trabajar menos horas, produciendo lo mismo que en jornadas interminables de trabajo? ¿cobrando lo mismo? ¿centrados en el trabajo? ¿con el desempleo existente actual?

Mi respuesta es sí. Pero todo anda en mi contra.

Veo a mis compañeros, empecinados en entrar a las 9 de la mañana, y permanecer sentados en su mesa, haya o no trabajo, hasta las 9 de la noche, supongo que por aparentar ante el jefe que lo están “dando todo por su empresa”. Veo las miradas de esos compañeros cuando cumplo escrupulosamente con mi horario. ¿Qué os ocurre?. ¿Acaso no tenéis ganas de salir de vuestros cubículos y respirar el aire del exterior?. ¿Os sentís quizás más seguros detrás de los cristales-espejo de vuestra oficina?. ¿Nadie os espera en casa?. ¿O quizás son los críos que no os dejan en paz cuando llegáis pronto de trabajar?. En fin, sea lo que sea, me siento algo sólo en mi actitud.

 Si los compañeros no ayudan (¿quién le pone el cascabel al gato?), nuestros empresarios tampoco. No son ejemplo de vida, y pretenden que con nuestro salario nos quedemos las mismas horas que ellos, por “su” empresa. ¿No entendéis, que aunque me paguéis más por mi labor profesional, también renuncio a perder mi tiempo aquí?. Tampoco ayuda la oportuna frase, “si tú no eres capaz, seguro que habrá alguien ahí fuera que lo haga igual o mejor que tú”. Juguemos con el miedo, perfecto.

¡Qué envidia de otros siento!. La locomotora de Europa sufre sus atascos vespertinos de salida del trabajo a eso de las 5 dela tarde. Aquí nos encontraremos con cualquier autopista despejada a esa hora, no, nuestros atascos comienzan a partir de las 7 de la tarde, prologándose más allá de las 9.

En fin, como sea, procuraré que el vivir para trabajar, no sea el motor de mi vida, pues lo que quiero, tan sólo, es TRABAJAR PARA VIVIR.

MIKAR.

Tennessee Williams parecía adelantarse con sus frases a algunos de los acontecimientos que estamos presenciando en la actualidad.

De él es la frase “Debemos desconfiar unos de otros. Es nuestra única defensa contra la traición”.

En nuestra sociedad, calculada, preparada, estructurada y sobre todo establecida, parece que podemos hacer poco por cambiar lo que nos rodea, pero ¿quien es el que cambia las cosas, quien decide, quien pone las dudas?

Que un pais pase de tener una tranquilidad total a estar al borde del abismo, parece asombroso pero es algo que está ocurriendo.

El esfuerzo de familias, de generaciones de crear un espacio para todos, para vivir, desarrollarse, tener un futuro parece que en un momento se puede evaporar, o lo quieren evaporar, y me pregunto ¿por qué?

La respuesta parece simple, el dinero que lo mueve todo es el que no nos dejará una sociedad en la que cada vez podamos vivir mejor, sino una sociedad que se va haciendo poco a poco más esclavista y sin pretensiones de nada. El acceso a la cultura hay que destruirlo, es desde luego más sencillo controlar a quienes desconocen las diferentes alternativas.

Eso si, se tiene que primar ante todo que siga persistiendo el consumo, que es en lo que está todo basado, un consumo sin sentido, sin calidad, pero consumo, que desarrolle a agentes capaces de trabajar, de no pensar y de consumir, y sobre todo que no desconfíen, para eso ya están ellos, los dueños absolutos del poder, del dinero y de nuestras propias existencias.

ME ENCANTA LA PASTA

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