PASTA ROSA

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Cuando abro los ojos, no sé dónde me encuentro, todo parece haberse desdibujado ante mi, la sensación de debilidad se acrecienta, la indefensión llena todo mi espacio.

Todo lo que soy lo debo a mi consciencia de la realidad, de ver con mis ojos lo que me rodea, pero poco a poco se oscurece todo y no me deja ver, no puedo saber que hay delante ni lo que hay detrás.

Déjame apoyarme en algo para saber que puedo seguir sosteniendo lo que mi mente no es capaz de razonar ni de apoyar con la lucidez de antes.

Ante el vertiginoso vacío decido libremente que no voy a caer precipitándome sin sentido en una vorágine de laxitud.

Sigo siendo yo, sigo teniendo mis sentidos en regla, sigo teniendo lo que me se ha proporcionado por la naturaleza de forma quizá caprichosa o tal vez, quien sabe, si intencionadamente.

Voy reconociendo el lugar, los colores, la sensación de estar, de ser, de sentir, y la de tener, esta última sensación antes era la predominante en mi, me llenaba por completo.

Como empezar de nuevo sin caer en las mismas tentaciones, en los barros que no me dejaban andar.

Quiero desde luego tener, sobre todo, esa plenitud, esa realidad reforzada con mi propia estabilidad y no caer de nuevo en la oscuridad, no quiero sombras, quiero luz que llene todo, aunque no me deje ver.

Por fin lo siento, es algo agudo, pero certero, siento cómo de lo mas lejano llega lo que tanto añoro, tanto sueño y deseo, en cualquier momento, y que me da fuerza, me anima, me hace ser como soy, es el aliento para seguir, y por fin dejo de estar desorientado y vuelve la luz, vuelve la realidad.

Aquí está.

 

 

 

perseverancia

De los años de la niñez recuerdo sobre todo trazos, pequeños recuerdos, amontonados en mi memoria, superpuestos unos sobre otros, pero en definitiva son trazos, de colores, de sensaciones, de brisas, de olores, de caras, de personas y de lugares.

Entre todos estos trazos recuerdo a una persona, ampliamente, era un señor, en el sentido literal de la palabra, con sombrero y bastón, de traje habitualmente vestido, ya fuera invierno o verano, y de aspecto siempre bonachón y agradable. Era vecino, cuando los vecinos se conocían y se interrelacionaban con la naturalidad y la sencillez de casi familia.

Gustaba de contar anécdotas, refranes y demás parafernalia que yo consideraba como propias de una persona muy inteligente, que sabía mucho y que conocía tantas cosas del mundo y al que me apasionaba escuchar.

De todas aquellas historias viejas recuerdo una, que impactó de una forma más fuerte que el resto en la mente de un niño, un pequeño niño que aún no había ni siquiera tomado la primera comunión.

Recuerdo perfectamente el calor del verano, la sombra de la mañana, su cara arrugada y  su boca colgando mientras comentaba con una verborrea bastante correcta una vieja historia.

La historia era la de Blas, un campesino que tenía una simple fanega de tierra que intentaba aprovechar al máximo para subsistir con su familia.

Tanto es así que Blas buscó agua donde no la había, acordonó el perímetro de la tierra para evitar que el ganado perjudicara su labranza, la estercolaba más que nadie, intentaba acarrear tierra más productiva para que su terreno fuera todo lo fértil que se podía.

Pero no siempre las cosas son como queremos, pronto acompañó a esa época una gran sequía, el agua no caía del cielo, se rezaba, se esperaba, pero nunca llegaba, y la desesperación de Blas era completa.

Con una mula Blas buscaba agua y la llevaba hasta su tierra para que no se secara todo lo plantado, pero todo su esfuerzo no era suficiente, aunque por lo menos conseguía que las matas no murieran por completo.

De repente tras la sequía vino época de lluvias, fuertes y torrenciales, que todo lo anegaban, incluidas las tierras de Blas, arrasando y llevándose consigo todo lo cultivado con tanto esfuerzo.

Pero Blas no desistía y volvía a plantar, a labrar, a estercolar, a trabajar su tierra sin descanso.

Cuando llegó la época de recolección casi todas las tierras estaban baldías, pero las de Blas tenían algún fruto, y envidiado por sus vecinos, le quitaban parte de lo que salía de la tierra cuando él no estaba.

Pero Blas seguía sin descanso, y gracias a eso nunca faltó comida en su casa, ni para sus hijos, que fueron creciendo y le ayudaban cuando podían en las labores con la tierra.

Con el tiempo y con las ganancias que fueron acumulando pudieron ir comprando algunos terrenos más y fue mejorando su situación.

Pero el principal legado de Blas para sus hijos fue su conducta y su forma de actuar, lo que aprendieron los hijos de Blas era que no podían dejar de intentar algo, de perseguir los sueños, aunque no se cumplan, de perseverar aunque se tengan todas las trabas del mundo, porque siempre, aunque sea poca, hay algo de recompensa.

Recuerdo a mi vecino, cuando terminaba de contarme la historia, mirarme a los ojos fijamente y asentir con la cabeza, como dando un veredicto sobre la historia que me había contado.

Después, cuando sus labios se cerraban, se quedaba mirando al infinito, como si esperara algo o la llegada de alguien.

Mientras yo, cansado de tanta charla, del calor y con sed, me escabullía rápido y lo dejaba atrás, sentado, tranquilo, aunque con la mirada perdida, como a la expectativa, como esperando, aunque nunca he sabido el qué. Quizá esperaba su pequeña recompensa.

bebe-riendo-3Según Demócrito la risa te hace sabio.

Desde luego parece que a él si lo hizo, por lo menos en parte sirvió para ayudarle a ser el primer ateo, y con esto digo ya mucho.

¿Por qué no reímos?

Nos encontramos envueltos cada día en una sociedad que con los años se ha ido volviendo más seria. Somos serios para casi todo, tanto que es habitual utilizar la frase “esto no es serio” en un sentido negativo.

Si pensamos en nuestra vida cotidiana, en la relación que tenemos con los demás, en nuestras reuniones de trabajo, cuando tomamos un café, viajamos en metro o leemos un periódico, normalmente lo hacemos siempre serios, y miramos con ojos extraños a las personas que no lo hacen así, como seres que se les ha ido la cabeza. Somos tan serios que hasta en nuestras relaciones personales, e incluso íntimas, cada vez son más formales y serias.

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¿Y qué podemos hacer para cambiarlo?

Buena pregunta he formulado. Quizá deberíamos hacérsela a los que nos orientan, los que nos dirigen, los que gobiernan nuestras vidas, nuestras carteras y hasta nuestros sueños, para que dejen de señalarnos solo el vacío y recordarnos siempre referencias a lo mismo, a problemas, ajustes, crisis, paro, accidentes, multas, penas…

Desde luego la contestación a la pregunta está dentro de cada uno de nosotros.

Pero dejadme deciros que tener una buena sensación, reírnos del mundo, sonreír por la mañana, es quizá la única medicina contra todo esto, es la forma de sentirnos menos finitos, menos indefensos, es la forma de darle menos importancia a lo que no la tiene, de saber que lo que ahora es una montaña, mañana puede desaparecer ante nuestra vista. Hemos visto caer muchos mitos, y al final hemos comprobado que todo lo que amurallamos es por miedo, y ese miedo puede desaparecer con una sonrisa. Justamente sobre esto recuerdo una anécdota, sobre un amigo que tenía un miedo atroz a las atracciones de feria y cuando se subía a una de ellas, obligado por las circunstancias, se reía, a carcajada limpia, y cuando se bajaba de la atracción decía “he pasado mucho miedo, pero me he reído tanto que ya no me acuerdo”.

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La palabra Feeling, como todos sabemos, tiene su origen en el inglés, to feel, que se puede traducir como percepción, emoción o sentimiento.

En su origen se refería a la percepción relativa al tacto, pero después el concepto se hizo más amplio incluyendo también cualquier percepción o emoción relativa al cuerpo o al espíritu.

Sin embargo, nosotros, los españolitos de a pie, que no tenemos ni idea de inglés, y que vamos a ir por el mismo camino parece ser durante bastante tiempo a pesar de los esfuerzos tan profundos que hacen nuestras autoridades educativas en convertir el inglés casi en el primer idioma, olvidando que para aprender un idioma primero se tiene que saber uno de origen, pues si, nosotros lo que hemos hecho ha sido cambiar o dotar de contenido nuevo al significado de esta palabra.

Directamente y sin necesidad de aprobación por la RAE hemos dado un significado propio a este vocablo en nuestro idioma y hemos volcado en él, no sabemos si por la necesidad de ser más modernos que nadie, un conjunto de características que nos costaba trabajo nombrar hasta ahora.

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El significado se aplica ahora cuando alguien, a primera instancia, se siente atraído por otra persona, la atracción en sus diferentes formas y variedades, por simpatía, por cercanía, por atracción sexual, por causar pena, gracia, o simplemente compasión, o siente también lo contrario, cuando a alguien le produce a primera vista rechazo otra persona, indiferencia, desagrado, miedo, angustia, o quizá desprecio, en fin todas estas situaciones que antes eran denominadas individualmente, con el consiguiente esfuerzo mental, lingüístico y semántico que conllevaba, ahora las aunamos en tener o no tener Feeling.

Pero ahora todo esto se ha resumido, comprimido y fusionado, como la sociedad actual realiza con todo lo que toca que con lo mínimo simplifica, resume y casi anula cualquier atisbo de esfuerzo, creando un nuevo contenido semántico en la palabra Feeling ya en sentido positivo o negativo, hay Feeling o no lo hay.

Y si aceptamos el término en su nueva vertiente, si de verdad se puede considerar que existe, que nos afecta y que nos hace comportarnos de una forma u otra, si lo aceptamos tal cual, dejamos de tener una parte de nuestro evolucionado mecanismo racional de seres humanos que dominamos el mundo, para volver al estadio de animales dominados por razones primarias de supervivencia, de segregaciones de sustancias químicas que nos atrapan, nos manejan y nos llevan por el camino que tenemos que seguir.

Es una pena que al final por un insignificante y mal sonante vocablo de origen inglés perdamos nuestro ser y nuestro propio y tan ansiado libre albedrío.

 

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inmigracion-prohibidaPreguntémonos, cuando nos cueste trabajo dejarnos conmover, cuán poco felices seríamos si los demás fueran inexorables hacia nosotros.

Esta frase de Lucio Anneo Séneca será siempre intemporal.

Nunca tratamos de ponernos en la piel de otra persona hasta que en verdad no tenemos cerca un sentimiento de fatalidad.

La sensación de ser tratados como a los demás en los peores momentos nos hace reaccionar, y no nos damos cuenta que cuando contamos con la mejor de las situaciones no nos importan las circunstancias ajenas.

Cuando estamos situados en el grado superior, no recordamos lo que nos costó ascender ese escalón, lo placentero que es sentir la brisa en la cima del monte hace que nos olvidemos de lo difícil que fue la escalada.

Al ver todo lo que va aconteciendo, me hace reflexionar y, sin duda, nuestro país no es un buen lugar para enseñar nada sobre empatía.

La preocupación por el yo personal es tan importante que lo demás no importa. La satisfacción de conseguirlo todo, sin tener en cuenta los medios que se han utilizado en el camino, está a la orden del día. La capacidad de aprovecharnos de cualquiera que veamos más débil en la cadena hace que nos sintamos mejor, mas astutos, mas sabios, mas poderosos, que, en definitiva, seamos mas sádicos.

Tenemos sin embargo esa consciencia decimonónica de ayudar, de dar un poquito a los demás cuando tenemos demasiado, para que nuestro ego tenga la capacidad de sentirse regocijado.

Pero no evaluamos que el sistema no funciona, que al final todo acaba destapando nuestra podredumbre. El avaro siempre lo será, el intransigente nunca aceptará otra opinión, el déspota se creerá siempre en la posesión de la verdad.

Y qué tenemos en nuestro poder, sensaciones, debilidades, que explotan cual burbuja y nos devuelven a una realidad en la que es necesario aprender en cada paso, reflexionar sobre los medios antes de llegar a los resultados, irradiar nuestra visión, compartirla, mano a mano, para poder salir de esta situación cavernaria que no nos lleva a ninguna parte.

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Aprender de otros estereotipos es quizá una opción para rentabilizar nuestros propios fracasos, dejar de ser el centro del mundo y centrarnos en comprender lo que nos rodea sería una forma estupenda de aprender. Tenemos la posibilidad de acceder a diferentes visiones, con personas que nos llegan de distintas partes del mundo y tenemos que ser esponjas y no vallas metálicas, debemos apreciar que otras perspectivas son posibles, puede que peores o mejores, pero aprehenderlas es sin duda una tarea que puede resultar totalmente enriquecedora y quizá la única forma de salir de la situación actual.

 

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El futuro, según voy escribiendo este texto va pasando, se me va escapando el presente para convertirse en pasado.

El tiempo a pesar de ser algo tan difícil de asimilar, de su intangibilidad, lo utilizamos constantemente en nuestra vida, para todo, para organizarnos, para estructurarnos desde que nos levantamos hasta que volvemos a dormir.

En realidad ¿se trata de un concepto nuestro o la naturaleza nos lo impone?

Desde cualquier perspectiva nuestra cualidad de finitos nos hace que el tiempo sea algo muy importante en nuestra existencia, tanto que, a veces, intentamos aprisionarlo, atesorarlo de alguna forma, pero siempre se nos escapa por completo.

Si no fuéramos finitos no nos preocuparía lo que vamos a hacer mañana, pues no tendría sentido en si mismo, no pasaría nada, pues siempre nos encontraríamos en el mismo momento.

Dejarían de ser importantes los recuerdos, no nos importarían, ni nos preguntaríamos por  qué existimos, ni a dónde vamos. Desaparecerían las religiones, las falacias, los amuletos, las supersticiones, así como toda la parafernalia que hemos construido a su alrededor.

Si no fuéramos finitos quizá también dejarían de tener sentido valores y comportamientos. No se valorarían la valentía, la juventud, la inocencia, la sabiduría, la bondad o la belleza. Todo nuestro sistema de vida, de organización sería diferente, desaparecerían de repente la crueldad, la muerte, la envidia, las guerras, las traiciones (en todas sus manifestaciones).

El tiempo nos configura tanto nuestra vida, que sin él, dejaría de ser lo que es, sería otra cosa, otro mundo. Cuando nos quejamos del paso del tiempo no pensamos en que en realidad es tan necesario como nuestra propia existencia, y que sin él no seríamos nosotros, ¿o si?

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Andamos inmersos, cada uno, en nuestro propio mundo.

En realidad no nos percatamos del entorno conscientemente casi nunca, andamos centrados en una vida cotidiana, que parece que el tiempo no pasa, que estamos siempre igual, que todo continúa exactamente como está en nuestra mente.Wind-by-Adrian-Sommeling

Pero va cambiando todo, vamos cambiando también nosotros y todo lo que nos rodea.

Un día, me paro y miro, y ya no está la mercería de toda la vida, ya desapareció el quiosco de prensa de la señora rubia, la panadería es ahora una tienda de señores de oriente y donde compré el reloj que tanta ilusión te hacía ahora venden roscos redondos rellenos de chocolate.

Ese mismo día me miré al espejo y resulta que la cara que apareció en el otro lado no era yo, era un señor mayor, con la cara flácida, muchas arrugas y cara de pocos amigos.

No puede ser, si yo soy risueño, siempre joven, de piel suave y sonrosada, con la mirada pícara  e interesante, siempre me lo comentaron.

Empecé a mirar por todo mi entorno y descubrí que no lo conocía, ¿quién era esa persona que sentada en el sofá veía la tele? Pero bueno, ¿dónde me encuentro?, si la habitación es distinta, más pequeña y sombría. Quizá el sol me deslumbra.

De repente me acordé de aquella frase que tanto te gustaba, es tan corto el amor y tan largo el olvido.

Miré mis manos y seguían siendo las mismas, ¡menos mal!

Por un momento pensé que estas manos con las que tantas cosas conseguí fueran las de otra persona.

Volví a mirarte y seguías ahí, en mi mente, no te olvidaría nunca, lo sabes verdad.

En esta colección encontramos 17 canciones extraídas de los ocho discos editados por Pasión Vega durante la última década. Se incluyen desde canciones de autores muy unidos a la artista como Jesús Bienvenido o Antonio Martínez Ares, a otros temas versionados con gran éxito por la cantante como la de Violeta Parra (Gracias a la vida), Serrat, Carlos Cano, Sabina. Destaca también un dúo que realiza con Antonio Banderas.

En definitiva todo un deleite para los grandes seguidores de esta prodigiosa voz.

Es para mi un privilegio ceder este espacio para que un gran amigo exprese su opinión, sobre lo que en este momento ha deseado.  Este espacio se creó en su momento para que las opiniones fluyan de cualquier forma y por ello me siento halagado y orgulloso que personas tan queridas deseen utilizar este humilde escaparate para exponer sus opiniones. 

A continuación les presento el texto tal y como me lo entregó.

VIVIR PARA TRABAJAR

¡No! me niego a pensar que ésta será la máxima de mi vida. Pretendo mantenerme en la postura contraria.

Hace pocos años España era considerada uno de los países menos productivos del mundo desarrollado. En estos últimos años de crisis la productividad se está incrementando a pasos agigantados, pero no por un aumento real del numerador (producción), sino por una sangrante disminución del denominador (trabajadores).

 Hace tiempo escuché algo sobre la creación de una comisión para el estudio de la conciliación de la vida laboral y familiar. Y sé que existió… ¿dónde está ahora?. Las propuestas eran razonables, tales como adelantar nuestros horarios de entrada al trabajo a fin de completar una jornada laboral que nos haría “libres” antes de la hora de comer. Parece que la crisis ha engullido tales pretensiones… ¿cómo? ¿trabajar menos horas, produciendo lo mismo que en jornadas interminables de trabajo? ¿cobrando lo mismo? ¿centrados en el trabajo? ¿con el desempleo existente actual?

Mi respuesta es sí. Pero todo anda en mi contra.

Veo a mis compañeros, empecinados en entrar a las 9 de la mañana, y permanecer sentados en su mesa, haya o no trabajo, hasta las 9 de la noche, supongo que por aparentar ante el jefe que lo están “dando todo por su empresa”. Veo las miradas de esos compañeros cuando cumplo escrupulosamente con mi horario. ¿Qué os ocurre?. ¿Acaso no tenéis ganas de salir de vuestros cubículos y respirar el aire del exterior?. ¿Os sentís quizás más seguros detrás de los cristales-espejo de vuestra oficina?. ¿Nadie os espera en casa?. ¿O quizás son los críos que no os dejan en paz cuando llegáis pronto de trabajar?. En fin, sea lo que sea, me siento algo sólo en mi actitud.

 Si los compañeros no ayudan (¿quién le pone el cascabel al gato?), nuestros empresarios tampoco. No son ejemplo de vida, y pretenden que con nuestro salario nos quedemos las mismas horas que ellos, por “su” empresa. ¿No entendéis, que aunque me paguéis más por mi labor profesional, también renuncio a perder mi tiempo aquí?. Tampoco ayuda la oportuna frase, “si tú no eres capaz, seguro que habrá alguien ahí fuera que lo haga igual o mejor que tú”. Juguemos con el miedo, perfecto.

¡Qué envidia de otros siento!. La locomotora de Europa sufre sus atascos vespertinos de salida del trabajo a eso de las 5 dela tarde. Aquí nos encontraremos con cualquier autopista despejada a esa hora, no, nuestros atascos comienzan a partir de las 7 de la tarde, prologándose más allá de las 9.

En fin, como sea, procuraré que el vivir para trabajar, no sea el motor de mi vida, pues lo que quiero, tan sólo, es TRABAJAR PARA VIVIR.

MIKAR.

Somos humanos y sentimos miedo.

Podemos definirlo como un intenso sentimiento, normalmente desagradable, provocado por la percepción de un peligro, real o supuesto, presente, futuro o incluso pasado.

Es curioso que se manifiesta tanto en el ser humano como en los animales. En el ser humano se comunica de diferentes formas, entre ellas en el rosto, muestra de ello la podemos encontrar en múltitud de películas que han creado un género cinematográfico.

Su acción ha sido tan importante que incluso ha afectado al sistema jurídico, por ejemplo en España, existe una eximente que es el miedo insuperable, por el cual no se puede exigir al individuo otro tipo de conducta.

Y ¿por qué lo sentimos? Algunos entendidos comentan que es un fenómeno biológico de adaptación, que pudiera haber aparecido ya en época prehístórica.

Con él se ha conseguido tanto, gobernar, manipular, seducir, alterar la realidad, en definitiva socialmente se puede considerar una herramienta de poder, que curiosamente cualquiera puede utilizar, por lo que os recomiento que tengáis cuidado, nunca se sabe lo que depara la realidad más inminente.

La pintura Art Decó fue una tendencia pictórica englobada dentro de un estilo que abarcó todos los campos del arte y el diseño durante los años 20 y 30 del siglo XX y fue coetánea a las vanguardias artísticas de este siglo.

Supo combinar la elegancia de la edad industrial con el lujo de materiales y la ebullición del espíritu creativo.

Era una amalgama de muchos diversos estilos y movimientos, y fue considerado como elegante, funcional, y ultra moderno. El término art déco proviene de la exposición de 1925 aunque no se consolidó el nombre hasta la década de los sesenta.

Varios artistas franceses como Guimard, Grasset, Lachenal, Follot y otros se embarcaron en una corriente dedicada a las artes decorativas de vanguardia y se hacían llamar “Los Modernos”. 

Despúes de los años 40 perdió fuerza y ha tenido resurgimientos pero no muy representativos.

Visualizando algunas de sus manifestaciones podemos trasladarnos a esta época y soñar como se hacía en ese momento, sólo soñar.

Así se describió cuando la reconocieron después haber estado once días desaparecida.

La famosa escritora Agatha Christie siempre guardó la verdad sobre lo auténticamente sucedido. Como en el caso de esta persona, tan famosamente conocida, la explicación a este fenómeno según algún científico se encuentra en la llamada amnesia disociativa y que en este caso fue acompañada de fuga.

La amnesia disociativa es un trastorno, pérdida de memoria en general para hechos recientes importantes, se centra habitualmente alrededor de acontecimientos traumáticos, suele ser parcial y selectiva, hay un núcleo común persistente que no puede ser recordado en estado de vigilia.

Se suele acompañar de la llamada fuga disociativa que añade un desplazamiento intencionado lejos del hogar o trabajo, incluso se puede asumir una nueva identidad.

Suele durar pocos días generalmente y tiene importante apariencia de autenticidad, con un comportamiento normal si se observa desde un punto de vista de alguien que no conoce a la persona afectada.

Es dificil saber si lo que la ciencia califica con nombre tiene traslado directo con la realidad personal de cada uno, pero lo importante es que a pesar de los mass media, y del mundo globalizado, todavía hay muchas cosas que siguen quedando por completo solo en el interior de la mente de las personas.

Ortega y Gasset ya nos dijo aquello que brevemente se puede resumir en que la circunstancia es lo que moldea nuestra perspectiva vital. Por la misma línea hemos visto otros autores que incluso se consagraron al dejar impregnada su idea en un libro, como fue el caso del premi0 Nadal de 1947 del entonces joven Miguel Delibes, La sombra del cipres es alargada, título que además ha servido como especie de refrán para aplicarlo a determinadas situaciones. 

Aunque en contraposición si cabe podríamos citar a Don Mariano José de Larra, quien describe que las circunstancias suelen ser la excusa de los errores y la disculpa de las opiniones.

Actualmente se escucha mucho eso de que si cambié de opinión fue por las circunstancias (incluso algún Presidente lo ha repetido en varias ocasiones) y verdaderamente analizamos lo que esto quiere decir, o simplemente lo dejamos como una explicación certera de algo poco explicable. ¿Es en todo caso justificable?

La respuesta la tiene todo aquel que es capaz de decidir si sabe en primer lugar el mismo concepto completo del término y después siempre es tiempo de poder juzgarlo.

En el madrileño parque de El Retiro y en mitad de una plaza del mismo nombre se encuentra una de las estatuas más insólitas jamás representadas, la estatua del Ángel Caído. Fue instalada en el año 1885, realizada por Ricardo Bellver, por encargo del duque Fernán Núñez, obtuvo el primer premio en la Exposición Nacional de 1878 y según parece está inspirada en unos versos de El paraíso perdido de Milton.

Arcángel (Lucifer era nombrado
Cuando en el Cielo, refulgente y puro
Entre todos los Ángeles brillaba,
Y como el sol, el resplandor oscuro
De los astros sus luces eclipsaba);
Después que Satanás (así nombrarle
Debo ahora) hubo arrastrado en su caída
A la rebelde turba seducida
Que se atrevió en su culpa a acompañarle,
Que quedó en el Infierno sepultado

John Milton. El Paraiso perdido. (1668)

Dicen que es en el mundo la única estatua pública que representa a Lucifer, aunque nunca ha sido admitido oficialmente. Está situada en una glorieta a 666 metros por encima del nivel del mar, y por este tipo de cosas ha provocado ríos de tinta y misterio.

Pero parece que no es la única representación, también en Madrid hay otro Ángel Caído en las inmediaciones de la C/ Mayor.

O también la representación que existe de el Ángel Caído, en El Capitolio, en La Habana, Cuba.

¿Tengo al lado la codicia?

La mayoría de naciones están adoptando los valores del estilo de vida materialista y deshumanizado actual, lo que llaman la globalización, en el que el sistema de libre mercado es el que lo domina todo. Todo ello está guiado por el obsesivo e insostenible afán de crecimiento económico de la empresa privada.

Todo se reduce a lo mismo, como ya lo planteó Miguel de Cervantes en frase de la cabecera, pero aunque parezca lo contrario, según los últimos y más exhaustivos estudios sobre lo que nos rodea, cuanto más progreso económico desarrolla una sociedad, más infelices suelen ser los seres humanos que la componen. La codicia nace de una carencia. Es falso que podamos rellenar ese vacío con un materialismo basado en el consumo.nuestra incapacidad de ser felices nos ha vuelto codiciosos, convirtiendo el mundo en un negocio en el que nadie gana y todos salimos perdiendo.

A algunos habría que recordarle la frase de Schopenhauer que la riqueza material es como el agua salada; cuanto más se bebe, más sed da. Quién no tiene ejemplos a su alrededor de lo que acabo de decir, y quién en algún momento de su vida no se ha sentido así. Una vez se asciende por la escalera que lleva al éxito y a la felicidad, en realidad comienzamos a ser esclavos del miedo a poder perderlo todo.

Tendremos que replantearnos tantas cosas, sobre todo en época de crisis como la actual, pero no será que verdaderamente lo que hace que seamos más ricos o más pobres es desde un punto de vista más hedonista lo que somos capaces de disfrutar y no tanto de poseer.


ME ENCANTA LA PASTA

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